Equipo afgano de futbol femenil teme por su vida ante llegada de talibanes

El futuro de las mujeres en Afganistán se ha convertido en un tema preocupante para el mundo, después de confirmarse que los talibanes han regresado al poder.

Ante la inminente pérdida de todos sus derechos, bajo un régimen que las trata de forma despiadada, las afganas se encuentran en un estado de desesperación, al no saber qué sigue en sus vidas. La selección femenil de futbol es una de esas dramáticas historias.

En entrevista para Associated Press, Khalida Popal, una exjugadora quien fue clave en la formación del equipo, admite que el escenario es dramático. El sentimiento de persecución es inevitable para ellas.

“Me llaman y me envían mensajes de voz. Les he aconsejado que eliminen sus cuentas de redes sociales, fotos. Que huyan y que se escondan. Me rompe el corazón, debido a que todos estos años hemos trabajado para incrementar la visibilidad de las mujeres y, ahora, le estoy diciendo a mis jugadoras en Afganistán que se escondan y desaparezcan. Sus vidas están en peligro”.

En 1996, cuando los talibanes se establecieron en el gobierno después de una década de la guerra afgano-soviética, Popal huyó con su familia para escapar del nuevo régimen. Cinco años después, cuando Estados Unidos intervino para derrocar a los talibanes, ella decidió volver a su tierra tras estar en un campamento de refugiados en Pakistán.

“Mi generación tenía la esperanza de reconstruir al país cuando cayeron los talibanes. Queríamos desarrollar las condiciones para la siguiente generación de mujeres y hombres en el país. En ese momento comencé con otras jóvenes, utilizando al futbol como instrumento para impulsar a las mujeres y niñas”, dijo Popal, quien fuera la coordinadora de eventos de la selección femenil de Afganistán.

 1

Después de convertirse en la primera capitana de la selección de Afganistán (2007), Popal se convirtió en un referente para las mujeres en aquel país. Al ser un símbolo visible entre las mujeres, los talibanes comenzaron con las amenazas de muerte y volvió a escapar en 2011 refugiándose en la India. Ya en territorio seguro, Popal pidió asilo en Dinamarca donde actualmente vive.

Tras su retiro del futbol profesional. Popal se convirtió en activista. En 2014, fundó su organización Girl Power, que tiene como objetivo ayudar a las mujeres de minorías inmigrantes que buscan una nueva vida en países europeos, justo como pasó con ella.

Además, se mantiene en la lucha para apoyar a grupos de refugiadas e integrantes de la comunidad LGBT. Desde lejos, Popal era una voz mundial para denunciar todos los abusos que se cometían desde la Federación de Futbol de Afganistán.

Los directivos de aquel país tenían un modo de operación que implicaba abuso físico, abuso sexual y amenazas de muerte. Ahora, las jugadoras que ella formó, se encuentran en la delgada línea entre la vida y la muerte.