La inundación que marcó para siempre a Irapuato

Cada 18 de agosto, los irapuatenses recordamos la inundación de 1973, una suceso que tiene dos lados: una gran tragedia y, por el otro lado, el ejemplo de una sociedad unidad, solidaria con fuerza ante aquella adversidad.

De acuerdo en los datos del Archivo Histórico días antes se había anunciado que Irapuato se inundaría tras el desborde en cadenas de las presas de La Sandía, la Sardina, Santa Ana del Conde, La llave y La Gavia.

En aquel tiempo, se registró una fuerte lluvia en la ciudad, la cual es considerada una de las más fuertes en los últimos 10 años.

Entre la ciudadanía de Irapuato, ya se escuchaba el rumor de que la ciudad se inundaría, sin embargo, los sucesos ocurridos días antes y la gran cantidad de agua en el río Silao no espantaron a los irapuatenses que se acercaban a las orillas de este para presenciar  “la víbora de agua”, como muchos le nombraron.

Ese 18 de agosto de 1973, los esfuerzos por desahogar la presa del Conejo fueron en vano y el cuerpo de agua reventó las primeras horas de la tarde.

Irapuato se inundó, el agua tomó por sorpresa a miles de ciudadanos, que incrédulos, ese día salieron a plazas y calles de la ciudad.

El agua entró por el bulevar Arandas, siguió por Guerrero y de ahí se dispersó por las calles de las colonias Rodríguez, Santa Julia y el Centro. Pero también entró por la zona norte, por el río Silao y afectó a Españita, Los Cobos y la zona de lo que ahora es Ciudad Deportiva. Al menos, 14 comunidades rurales quedaron bajo el agua.

La gente subió a sus techos a refugiarse, algunos tuvieron que pedir asilo en otras viviendo, otros se aferraron en las ramas de los árboles para salvar su vida.

La cifras oficiales: cuarenta mil casas destruidas y trecientos muertos; pero se estima que fueron más de tres mil, luego de que, al menos, 2000 cuerpos jamas fueron reclamados y, cerca de otros mil reportados como desaparecidos, de los cuales nunca se supo nada.

El agua destruyó en cuestión de minutos una ciudad completa, arrebató el poco patrimonio de unos y la vida de otros. Costó al menos tres años al municipio y a la sociedad reponerse de esa desgracia.

Hay miles y miles de anécdotas, miles de recuerdos, miles de lágrimas que aún brotan de los ojos de personas que perdieron todo aquel día, incluso, la pérdida de algún ser querido.